La ventana por Diego Martínez

La ventana — eltercermundo

Houston

Space Race 03, Rojolicht http://rojolicht.wix.com/rojolicht

 

 

LA PRIMERA VEZ QUE ESCUCHÉ HABLAR DE ALEJANDRO JODOROWSKY yo estaba borracho y me puse a reír como un histérico. Pero en este cuento no voy a hablar de Jodorowsky. No voy a hablar ni bien ni mal de Jodorowsky, entre otras cosas porque Jodorowsky me interesa muy poco. En este cuento voy a hablar de mí, de cuando estudiaba y trabajaba en París y pensaba que con un poco de soledad y un poco de sufrimiento yo podría, con el tiempo, escapar a los desórdenes de mi vida pasada. Pero a mitad de camino algo pasó que abandoné la tesis del doctorado, después de dos años y medio de insomnio, y también abandoné el trabajo en el restaurante que me ayudaba, mal que bien, a mantenerme a flote. Estaba cansado. Estaba arruinado. Estaba a punto de perder definitivamente mi visa de estudiante, lo que suponía tener que regresar a mi país, al desbarajuste de mi vida pasada. Estuve meses tratando de reponerme de una depresión crónica que me mantenía durmiendo dieciocho horas por día, casi siempre bajo medicación. A veces lograba salir de mi chambre y me embarcaba en largas caminatas a través de las calles laberínticas de Le Marais, tratando de pensar, obligándome a pensar aunque fuera en voz alta. A veces me cruzaba con algún conocido, generalmente latinoamericanos, gente que también parecía deprimida o estropeada. En Europa los latinoamericanos se deprimen como bichos y se ponen a vivir como bichos, y uno lo sabe, uno aprende a darse cuenta. Primero desaparecen y luego, después de mucho tiempo, uno se los consigue por casualidad en una tratoría china comiendo como salvajes, comiendo como come una persona acostumbrada a comer sola. Y apenas si te miran a los ojos, como si en ese momento, además de tener que lidiar con la jodida depresión, tuvieran que lidiar con un sentimiento insoportable de vergüenza. Por eso la gente se aleja. La gente siempre se aleja y uno termina espantosamente solo, comiendo cerdo agridulce en una tratoría china. → La ventana

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