Un estudiante de Letras no es una golondrina por Diego Martínez

Un estudiante de Letras no es una golondrina — eltercermundo

WhatsApp Image 2017-02-28 at 22.37.52

Wilde, MDM⚒ http://maximodamianmartelo.tumblr.com/

 

CUENTAN QUE CUANDO LE CORBUSIER VISITÓ MONTEVIDEO, en el año 1929, un grupo de arquitectos locales lo llevaron a contemplar los edificios más emblemáticos de la ciudad, entre los cuales se encontraba el Palacio Salvo.

cuentan que el señor Charles Édouard Jeanneret-Gris, mejor conocido como Le Corbusier, se colocó en un punto de la Plaza Independencia, frente al Salvo.

y luego en otro punto.

y luego en otro.

hasta que finalmente dijo:

aquí está bien.

¿para qué? —preguntaron los señores arquitectos—. ¿para admirar mejor el Salvo?

no —dijo Le Corbusier.

y luego añadió:

para disparar el cañonazo.

(risas)

bueno.

la primera vez que lo escuché, a mí, la verdad, aquel comentario me pareció muy injusto.

sobre todo viniendo de un sujeto grosero como Le Corbusier, “despreciable criatura amante del hormigón armado”.

y también.

“arquitecto de los edificios más feos e inaceptables del mundo”(Salvador Dalí[1]).

recuerdo haber pensado en una novela de Houellebecq.

o más precisamente, en uno de los personajes de la novela.

¿se acuerdan de El mapa y el territorio, aquella novela con la que Michel Houellebecq ganó el Prix Goncourt?

¿se acuerdan del padre de Jed Martin, el protagonista?

si no se acuerdan, no importa.

lo que me interesa va más o menos como sigue.

Jed Martin es un artista más o menos conocido, ¿no?

un día su padre, que vive en un ancianato y piensa con regularidad en el suicidio, le cuenta que de joven él también había querido ser artista.

un artista como tú, hijo, le dice.

un artista como Jed.

de niño, el viejo solía construir casitas hermosas y extravagantes en el patio de su casa.

casitas para las golondrinas que pasaban por la zona en sus migraciones invernales.

pero las golondrinas nunca ocuparon las casitas, porque las golondrinas no son boludas.

las golondrinas seguían de largo hacia África o América del sur.

sin embargo, el chico no se desanimó.

al contrario.

se graduó de arquitecto y tiempo después intentó oponerse, junto con otros camaradas arquitectos y artistas, al funcionalismo de Le Corbusier y sus discípulos.

al final, claro, el funcionalismo se los comió a todos, y el viejo terminó haciendo hoteles en la costa azul de Francia.

y fundó una compañía con la que hizo mucho dinero.

y tuvo una vejez solitaria y triste.

hasta que un buen día decide practicarse la eutanasia.

es decir, que decide suicidarse con la asistencia de una compañía suiza.

y consumado el proceso Jed Martin encuentra, entre los papeles del viejo, algunos bocetos de casas y complejos extravagantes que nunca se llevaron a cabo, y piensa que su padre nunca dejó de hacer casitas para golondrinas.

coño, qué triste – recuerdo que pensé.

y luego también pensé:

¿qué pasaría si un día ya no quedara nadie, absolutamente nadie, dispuesto a construir casitas para las golondrinas?

¿qué pasaría con las pobres golondrinas? →Un estudiante de Letras no es una golondrina

 

 

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s